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LOS SERVICIOS DE BOMBEROS Y EL MEDIO AMBIENTE

LOS SERVICIOS DE BOMBEROS Y EL MEDIO AMBIENTE


1. INTRODUCION

2. CONTAMINACIÓN PROVOCADA POR OTROS.

2.1 Incendios.
2.2 Accidentes con materias peligrosas.
2.3 Accidentes en el transporte de ciertas materias no peligrosas.
Accidentes de tráfico.

3. CONTAMINACIÓN COMO CONSECUENCIA DE LAS PROPIAS ACTIVIDADES DE LOS SERVICIOS DE BOMBEROS.

3.1. Actividades formativas. Practicas y maniobras de entrenamiento.

3.2 Labores de intervención.
Fuegos de neumáticos.
Fuegos de basureros
Fuegos de casas rurales
Impacto de las espumas de extinción sobre el medio ambiente.
Otros agentes de extinción.

3.3. Dirección de siniestros y toma de decisiones en relación con el medio ambiente.
Prioridades "medio ambientales" durante la toma de decisiones

4. CONCLUSIONES



LOS SERVICIOS DE BOMBEROS Y EL MEDIO AMBIENTE

1. INTRODUCION

Tradicionalmente al referirse a las funciones principales de los cuerpos de bomberos se citaban como principales la defensa de las vidas humanas y la protección de los bienes materiales. Con motivo de la degeneración progresiva que está sufriendo nuestro entorno natural, debido, la mayoría de las veces, a la actividad humana, en algunos países se empezó a adjudicar a los servicios de bomberos la responsabilidad de colaborar en la defensa y protección del medio ambiente. La conciencia de la importante repercusión que pueden tener los accidentes con materias peligrosas sobre el entorno natural se generalizó, sobre todo a nivel político y legal, a partir del accidente de Seveso.

En este y en otros accidentes de este tipo ha quedado patente el importante papel que juegan los servicios de emergencia y principalmente los servicios de bomberos, no solo en la defensa, de vidas y bienes, sino también en la reducción de los daños que el siniestro puede causar al entorno. Los bomberos son generalmente los primeros que llegan al lugar suficientemente equipados para iniciar acciones correctoras y casi siempre son los únicos que disponen de los medios para hacerlo. Por esta razón, la responsabilidad de aplicar estas medidas correctamente y con ello reducir el impacto ecológico del incidente nos viene dada, y es un compromiso irrenunciable. Hasta hace poco eran las circunstancias las que nos exigían este compromiso; en la actualidad en muchos países de la Unión Europea y en muchas comunidades autónomas y servicios del Estado Español, esta responsabilidad viene recogida en la ley.

Hasta hace unos años el medio ambiente era algo de todos y de nadie, y los atentados contra él quedaban impunes. En la actualidad la sociedad ha adjudicado poder sancionador a los departamentos de medio ambiente de las administraciones y se ha establecido un valor económico a los daños contra la naturaleza. La máxima es: el que contamina paga. Esto es importante para los servicios de bomberos. No debemos escatimar medios en intervenciones con riesgo medio-ambiental; en principio por nuestro compromiso como servicio público con la sociedad, pero también porque, según la ley, los gastos directamente generados en la intervención deben de ser asumidos por el que ha dado origen al accidente.

La defensa del medio ambiente no debe de anteponerse nunca a la defensa de la vida de las personas, pero en algunos casos sí que puede entrar en contraposición con la defensa de ciertos bienes con un valor económico directamente cuantificable. Es aquí donde el mando de bomberos tiene que valorar la situación y no olvidar nunca que los daños ecológicos también tienen alto valor, tanto medio ambiental como económico

Pongamos un ejemplo. En un incendio de un edificio industrial, el fuego amenaza una zona de maquinaria de alto valor. Para proteger la zona es necesario atacar con agua un área de almacenamiento de un producto soluble en agua y tóxico. El arrastre de este producto por el agua de extinción hasta el río puede suponer la muerte del río en varios kilómetros aguas abajo. Si empleamos tiempo en cubrir o retirar el material tóxico, el fuego afectará a la maquinaria. Si protegemos las máquinas atacando el fuego directamente, podemos desencadenar una catástrofe ecológica. El que tiene la responsabilidad de decidir es el mando de bomberos y tendrá que tener en cuenta todos los factores sin dejarse influir por las presiones del jefe del taller que intentará por todos los medios salvar las máquinas. Este caso extremo trata de ilustrar que la clásica función de proteger los bienes puede quedar, en ciertas situaciones, en un segundo plano ante la responsabilidad de proteger el medio ambiente. Por otro lado, volviendo al ejemplo, las consecuencias económicas en forma de sanción de la muerte de miles de peces y plantas en un río pueden ser considerables, y es probable que en aquel momento el jefe de taller no sea consciente de la millonaria sanción que puede recaer sobre la empresa.

La protección del medio ambiente, debe ser función principal de los servicios de prevención y extinción de incendios, y la asunción de esta tercera función añadida a las de proteger vidas y bienes, exige la preparación específica del personal en ciertas áreas como el riesgo químico o la lucha contra los fuegos forestales, y la adquisición del equipamiento necesario para permitir la eficaz intervención de los bomberos en un incidente con posibles repercusiones medio ambientales.

En opinión de la dirección de este proyecto, la carga económica que supone la adecuación de los servicios de bomberos a esta nueva responsabilidad, no debería repercutir solamente sobre los servicios de prevención y extinción de incendios, sino que bebería estar fuertemente financiada por otras agencias con responsabilidad en este tema, como pueden ser la industria, las autoridades portuarias o los departamentos de medio ambiente.

El papel de los bomberos frente al medio ambiente se puede dividir en dos áreas:


2. CONTAMINACIÓN PROVOCADA POR OTROS.

En la mayoría de las intervenciones de los bomberos hay una amenaza de contaminación del entorno. No solo hay que considerar los siniestros extraordinarios sino ser conscientes que en el siniestro cotidiano siempre hay algo que podemos hacer para disminuir la contaminación.

2.1 Incendios.

La mayoría de las materias al arder generan productos de combustión, que en mayor o menor medida son nocivos. El agua utilizada en la extinción también arrastra productos de la combustión y otras sustancias, que acabarán en un curso de agua afectando a su nivel de contaminantes.

En la medida en que los bomberos ataquemos el incendio pronto y con la eficacia necesaria para extinguirlo correctamente, la emisión de gases a la atmósfera y el agua de escurrantía resultante de la intervención serán menores. Evidentemente no es ésta la única razón para intervenir con diligencia pero es un factor añadido a tener en cuenta.

Es también importante prestar atención a la trayectoria y destino de las aguas de escurrantía que se generan en todo incendio, y asegurarse que van al lugar adecuado. Con sencillas maniobras se puede evitar que este agua de extinción que tenemos que presuponer siempre contaminada en cierta medida, vaya a un riachuelo o a otro curso natural, dirigiéndola a un sumidero de aguas sucias.

Como veremos más adelante, el uso de aditivos en el agua de extinción también puede tener cierto impacto en suelo y cursos de agua.

2.2 Accidentes con materias peligrosas.

Evidentemente, y como veremos a lo largo del curso, las consecuencias para el medio ambiente a corto, medio y largo plazo de este tipo de siniestros, pueden ser muy serias, y los bomberos jugamos un papel primordial en la resolución de este tipo de problemas. Material adecuado y preparación del personal son los dos factores fundamentales de cara a la protección de nuestro entorno, en un incidente con riesgo de contaminación química, biológica o radiactiva.

2.3 Accidentes en el transporte de ciertas materias no peligrosas.

No solamente las materias clasificadas como peligrosas pueden causar desastres ecológicos. Ciertos productos cotidianos aparentemente inocuos, como la cal, la leche, la cerveza o la sal pueden causar serios problemas si se liberan en la naturaleza en grandes cantidades. Cualquier materia puede ser peligrosa en cantidades o concentraciones antinaturales.

Por ejemplo, una cisterna cargada de leche volcada y derramando producto sobre un río puede originar un desastre. La leche en concentraciones elevadas es altamente perjudicial para los lodos de las depuradoras y un derrame de este tipo puede matar los microorganismos que realizan la función depuradora. Esto puede suponer el cierre temporal de una instalación de este tipo hasta que los lodos hayan sido sustituidos, con el consiguiente impacto ecológico.

Un cargamento de sal derramado sobre la tierra o sobre un río puede aumentar la salinidad por encima de índices soportables para la fauna o la flora. Lo mismo puede suceder con la cal u otros productos de construcción que pueden afectar seriamente al pH del agua. Ciertos productos orgánicos ricos en nutrientes como nitratos o fosfatos vertidos sobre un cauce de agua puede producir un aumento de nutrientes, que disminuirá a medio plazo la concentración de oxigeno del agua, y dará lugar a la muerte de peces y plantas o a la reproducción incontrolada de cierto tipo de flora acuática. Este efecto lo puede producir cualquier producto orgánico, (por ejemplo los alimentos) vertido en altas concentraciones.

La celeridad en retirar estos vertidos incontrolados o el evitar que lleguen al agua puede ser determinante par el potencial daño ecológico.

2.4 Accidentes de tráfico.

En muchos de los accidentes de tráfico por carretera hay derrames de gasolina, gasoil o aceite de motor. La gasolina, aunque presenta un alto riesgo de inflamación durante la intervención, no presenta problemas de contaminación puesto que se evaporará y de disipará en la atmósfera. El aceite hidráulico o de motor y el gasoil sí que pueden causar serios daños en pequeños cauces de agua, o contribuir a la contaminación de cauces mayores, si no se recogen debidamente para evitar que fluyan libremente o que sean arrastrados por el agua de lluvia. No basta con absorber o limpiar la calzada para evitar posibles accidentes. Hay que procurar retirar el producto y depositarlo en un vertedero o en una planta incineradora. Si no lo hacemos nosotros, no lo va a hacer nadie.


3 CONTAMINACIÓN COMO CONSECUENCIA DE LAS PROPIAS ACTIVIDADES DE LOS SERVICIOS DE BOMBEROS.

Hay tres aspectos de la actividad de un servicio de prevención y extinción de incendios pueden afectar al medio ambiente:

3.1. Actividades formativas. Practicas y maniobras de entrenamiento.

Fuegos de entrenamiento.

La actividad que dio origen a los servicios de bomberos es la extinción de incendios y gran parte de la formación de los integrantes de este servicio público se centra en esta actividad. Tradicionalmente se han utilizado fuegos provocados en situaciones controladas para entrenamiento de los bomberos en las técnicas de extinción. Los materiales empleados como combustible para estos fuegos de entrenamiento van desde viejos muebles y madera, hasta modernas instalaciones de gases licuados del petróleo, pasando por bandejas de líquidos como gasoil, gasolina o aceite de motor usado.

Como ya se ha comentado, toda reacción de combustión genera unos productos que generalmente suelen ser contaminantes para el aire y para el agua, sin entrar en aspectos como que la producción de CO2 puede contribuir en el efecto invernadero.

Partiendo de la base de que este tipo de entrenamiento con fuego real es necesario, y de que incluso debería ser una práctica más habitual realizada en instalaciones que permitan altos niveles de rendimiento y de seguridad, debemos de buscar la fórmula para que los productos de esa combustión necesaria sean lo más limpios posibles.

Hay dos soluciones posibles para conseguir la emisión de humos limpios a la atmósfera:

1. Filtrado y lavado de los gases de combustión. Esta solución solo se puede adoptar en edificios para entrenamiento de fuegos confinados. Por el momento la tecnología no permite aplicar este sistema de forma satisfactoria y a un coste razonable.

2. Utilizar combustible cuyos humos y gases de combustión sean poco contaminantes. Esta alternativa por el momento es la más razonable.

La condición de bajo índice de contaminación de los gases de combustión deja a un lado a la inmensa mayoría de los combustibles líquidos y principalmente a los que tradicionalmente se han venido utilizando como gasoil o aceite de motor usado.

La emisión de productos altamente tóxicos de la combustión de ciertos componentes del mobiliario doméstico como espumas sintéticas, tejidos, plásticos o pinturas hace absolutamente desaconsejable la utilización de sofás, colchones, armarios u otros elementos, como combustible para prácticas de extinción.

Otro material barato, de alto poder calorífico y que produce humos de gran densidad, cualidades ideales para este fín, son los neumáticos usados. Como veremos más adelante el potencial contaminador de este material es importante y su quema al aire libre supone un grave atentado contra el medio ambiente. También hay que tener cuidado con los fardos de paja, pues pueden contener ciertos productos agro-químicos como pesticidas, fertilizantes y conservantes cuya combustión libera gases tóxicos.

Por todo esto el combustible de la clase A más adecuado para alimentar fuegos con fines didácticos, en cuanto a su bajo índice contaminador es la madera limpia y otras materias celulósicas sin aditivos. Los palets viejos son una buena solución, por su limpieza, manejabilidad, y poder calorífico conocido y constante. La madera produce 10 gr/kg de partículas arrastradas por los gases de combustión contra los 200gr/kg que producen algunos polímeros.

Como alternativa a la madera, que solo nos permite reproducir fuegos de la clase A, tenemos el gas. En la actualidad muchos países de la unión europea y algunos centros de formación de este país están utilizando gas natural o GLPs para simulación de incendios con fines formativos. Exigen una alta inversión inicial pero el mantenimiento posterior es muy bajo y permiten la simulación de fuegos de la clase A,B o C, con índices de realismo y de seguridad muy altos. Su principal ventaja en su repetibilidad y su bajo poder contaminante.

En cualquier caso, sea cual sea el combustible elegido, debemos de ser prudentes a la hora de hacer fuegos para entrenamiento y nunca dejar arder el combustible más tiempo del necesario.

3.2 Labores de intervención.

Durante los siniestros podemos diferenciar dos grandes grupos de productos con potencial contaminante:

1.- Líquidos y sólidos solubles en agua. El peligro principal es que lleguen a cursos de agua, que los transporten grandes distancias extendiendo el peligro y eliminando la flora y la fauna. Pueden afectar directamente a la población humana si las aguas desembocan en puntos de abastecimiento para agua potable o de regadío. A la larga acaba afectando al índice de polución marina, pues casi todos estos productos contaminantes acaban en el mar.

2. - Humos, gases o vapores, como consecuencia de escapes o de la combustión. La vía de contaminación en este caso es a través del aire y repercute directamente en el índice de contaminación atmosférica. Indirectamente estos productos suelen acabar en la tierra y posteriormente en el agua al ser arrastrados por la lluvia.

Como ya hemos mencionado, durante la intervención en incendios y en relación con la protección del medio ambiente, prestaremos especial atención a:
Contención o control de aguas de escurrantía (taponamiento, canalización, contención mediante diques).

Qué es lo que arde y qué es lo que puede arder.
Extinción rápida y sobre todo completa, para evitar fuegos latentes que continúen contaminando largo tiempo.

Tres tipos de incendio con especiales características contaminantes:

Fuegos de neumáticos.

El 12 de febrero de 1992 se inició en Haggersville, Ontario, Canada, un fuego en un depósito de neumáticos viejos. A los pocos días el 90% de los 14 millones de neumáticos allí almacenados estaban ardiendo. Desde el primer mpmento una dotación de bomberos intentó controlar el fuego sin ningún éxito. Posteriormente se intentó el ataque desde el aire mediante hidroaviones pero se consiguió muy poco. Finalmente el jefe de bomberos ante la magnitud del siniestro y el altísimo índice de contaminación del mismo tomó una decisión: aplicar la técnica que él mismo denominó de "comerse el elefante". Por que ese nombre?. Porque la única forma de comerse al plantígrado es cachito a cachito. Y así lo hizo. Concentró todos los medios de extinción y mecánicos en una zona y comenzó a separar y apagar. La tarea le llevó más de ocho días y para evitar que la enorme cantidad de agua utilizada arrastrase incontroladamente los aceites altamente tóxicos producidos por la combustión de las cubiertas, se canalizó y almaceno en un depósito y se improvisó una planta de decantación. Esto fue posible gracias a un estudio hidrológico del valle y de la colaboración de gran cantidad de servicios de bomberos y de otras agencias. En esta planta se recuperaron 8.000 litros de aceites tóxicos. Además de aceites los productos liberados en la combustión son entre otros: óxido de zinc, benceno y tolueno. Estos dos últimos son cancerígenos y se propagaron en grandes cantidades por el aire. Finalmente, a los 18 días y gracias a ir apagando el fuego poco a poco, se consiguió extinguir "completamente" el incendio, y se salvó gran cantidad de material que de otra forma habría terminado ardiendo. Se percibieron restos tóxicos del incendio en Chicago, a más de mil kilómetros de distancia. Un año después no había trazas de contaminación, gracias a la labor de reciclaje del agua de extinción, y había mariposas en el valle (las mariposas son los animales que antes desaparecen en zonas contaminadas).

Las conclusiones que se derivaron de este siniestro fueron:

- la gran cantidad de equipos de respiración autónoma y de botellas de repuesto necesarios para afrontar con seguridad un fuego de este tipo,

- la necesidad de compartimentar el almacenamiento de neumáticos mediante "cortafuegos", para evitar la generalización del incendio y permitir el acceso a los medios mecánicos y de extinción.

- la necesidad de realizar un importante esfuerzo económico y de organización si se pretende tener probabilidad de éxito, y evitar consecuencias económicas y medioambientales incalculables,

- debido a la enorme cantidad de agua necesaria para llevar a cabo la extinción, la única solución razonable es canalizar, recoger, limpiar y reutilizar el agua.

- no vale de nada echar gran cantidad de agua descontroladamente; la única forma de apagar un fuego de estas dimensiones es pedazo a pedazo.

Un año después un fuego de similares características se produjo en Quebec. Las autoridades hicieron caso omiso a las recomendaciones de los bomberos de Ontario, y decidieron tratar de ahogar el incendio cubriendo los neumáticos con tierra. Seis años después todavía sigue ardiendo, y la monitorización de contaminantes ha dado un índice acumulado de aceites y otros productos nocivos inadmisible. Un caso parecido sucedió en Knighton, Inglaterra, y tras enterrar el depósito de neumáticos, a fecha de hoy, todavía hay combustión subterránea.

Fuegos de basureros

La problemática es similar a los fuegos de neumáticos y las soluciones a adoptar también son similares. La contaminación producida en un fuego libre de basura, muchas veces en condiciones de escaso aporte de oxigeno por ser combustiones profundas, puede ser muy elevada por la gran cantidad de materias diferentes que pueden arder. A pesar de ser una tarea ingrata, si queremos ser honestos con nuestra responsabilidad ante el medio ambiente hay que hacer esfuerzos por atajar el fuego, moviéndolo con palas mecánicas y apagándolo poco a poco.
Las plantas incineradoras queman la basura a altas temperaturas que destruyen gran cantidad de elementos contaminantes. Un estudio sueco ha demostrado que la cantidad de dioxinas generadas en un fuego libre de basura es cuatro veces superior al producido en una incineradora.


Fuegos de casas rurales

Los fuegos de casas rurales (caseríos, masías o barracas) presentan una característica común de gran relevancia para el medio ambiente a la hora de la intervención de los bomberos en un posible incendio. En casi todas hay un pequeño o gran almacenamiento de pesticidas o fertilizantes. Estos productos, de enorme potencial contaminante para las aguas, son en general muy solubles y por lo tanto el riesgo de ser arrastrados por el agua de extinción es alto. También suele darse la circunstancia de que los cauces de agua próximos a este tipo de vivienda suele ser de poco caudal, por lo que la posibilidad de dilución del agua contaminada es baja y las de considerables niveles de contaminación de las aguas muy alta.

Por esta razón como parte del protocolo de intervención en estas casas deberemos dirigirnos cuanto antes al dueño y preguentarle:

¿Tiene usted pesticidas almacenados en alguna parte de la casa? ¿y fertilizantes? ¿donde? ¿que cantidad? ¿ que aspecto tiene?.

Una vez localizados e identificados estos productos, deberá evitarse a toda costa el contacto con el agua de extinción. Para ello pueden cubrirse con toldos o retirar los si es posible. Si no es posible ni una cosa ni la otra, y no hay posibilidad de contener y controlar el agua de escurrantía, habrá que plantearse la posibilidad de dejar arder esa zona para evitar males mayores. Esta decisión es comprometida pero es responsabilidad del mando valorar el impacto medio ambiental de las labores de extinción.

Es conveniente elaborar un listado de los pesticidas más habituales y de sus nombres comerciales, para poder identificarlos fácilmente. En esta tarea habrá que solicitar la colaboración de los departamentos de agricultura y de medio ambiente.

Otra actividad de la intervención (también del entrenamiento) con posibles repercusiones sobre el medio ambiente es la utilización de espumas de extinción.


Impacto de las espumas de extinción sobre el medio ambiente.

Hay que partir de la base de que la espuma más ecológica es aquella que es capaz de apagar el fuego más rápidamente y con menos cantidad de espumógeno.

En general todas las espumas son contaminantes en mayor o menor medida, pero el fuego y sus consecuencias son una amenaza para el medio ambiente mucho mas seria que las espumas.

En cualquier caso debemos tener en cuenta que la contaminación generada por la espuma es responsabilidad directa de los bomberos y que una buena política de compra y de uso puede ser a la larga muy beneficiosa para el entorno natural.

Básicamente podemos dividir las espumas en dos tipos: basadas en detergentes sintéticos o basadas en proteínas hidrolizadas.

Los factores a tener en cuenta en cuanto a las características químicas de las espumas, en relación con su impacto sobre el medio ambiente son:

a) Biodegradabilidad.
b) toxicidad para el agua
c) impacto en depuradoras
d) toxicidad para el hombre.

La biodegradación se produce por la acción de descomposición realizada por las bacterias. Las bacterias necesitan oxígeno para metabolizar los productos, que es tomado del ambiente. Si el producto, a pesar de ser biodegradable, exige gran cantidad de oxigeno para ser degradado, puede producir el descenso de la concentración de oxigeno en el agua, e incluso producir la muerte de parte de la vida acuática. Para medir la biodegradabilidad de las espumas se utilizan dos índices:

- el COD (Chemicals Oxigen Demand), que define la cantidad de oxígeno necesario para su total oxidación química, y
- el BOD (Biological Oxigen Demand), que es la cantidad de oxígeno utilizado por las bacterias para descomponer el producto en un tiempo determinado

La relación entre estos dos índices sirve para determinar si un producto es biodegradable o no:

si BOD/COD > 50 , el producto se considera biodegradable
si BOD/COD <>0.5 para soluciones del 1 al 5 %. Esto se traduce en que hay que conseguir una dilución del espumógeno en agua de 250:1, para poder verter la espuma con seguridad.

Conclusiones:

No hay una espuma ecológica, solo hay una forma ecológica de utilizar la espuma.

Hay que seguir investigando y buscar alternativas mas ecológicas.

Es recomendable el uso de espumas "verdes" específicas para entrenamiento.

Asumiendo que el entrenamiento en la utilización de la espuma es necesario hay que procurar no utilizar más espuma que la necesaria. Para esto es importante prestar especial atención a que las proporciones utilizadas en los proporcionadores no estén por encima de la recomendada.

Hay que elegir con cuidado el lugar de prácticas y comprobar que hay aguas abajo.



Otros agentes de extinción.

Polvo quimico.

La mayoría de polvos quimicos llevan fluidizadores y sales metálicas que tienen cierto potencial nocivo. Los profesionales de la extinción que realizan labores de mantenimiento o formación que impliquen el uso cotidiano de extintores deben protegerse con filtros adecuados.

En Alemania no se permite el uso de polvo seco para entrenamiento por su potencial contaminador. En cualquier caso, se puede afirmar que el uso puntual de este material, no es peligroso para el medio ambiente.

Halón.

De todos es sabido el supuesto daño de los CFCs, y entre ellos los halones de extinción, para la capa de ozono. El halón que se utiliza para este fin se recicla por lo que el daño al medio ambiente de las instalaciones actuales puede considerarse mínimo.


3.3 DIRECCIÓN DE SINIESTROS Y TOMA DE DECISIONES EN RELACIÓN CON EL MEDIO AMBIENTE.

Como ya hemos comentado, además de la protección de vidas y bienes ha surgido una nueva prioridad para los servicios de bomberos: la protección del madio ambiente. A esta prioridad va unida una nueva responsabilidad para el mando.

Prioridades "medio ambientales" durante la toma de decisiones

1. Antes de producirse el incidente:

preplaning y actividades de prevención para reducir el impacto medioambiental: mapas de riesgos, localización de puntos conflictivos y almacenamientos de MMPP, colaboración en la elaboración de planes de emergencia interiores y exteriores, elaboración y práctica de protocolos de intervención, equipamiento y entrenamiento específico para riesgo químico, actividades para la concienciación ecológica del personal propio y ajeno, ….etc.

2. Durante el incidente:

Decisión entre diluir o contener. La técnica de la dilución con el objeto de reducir el nivel de peligrosidad haciéndola extensiva a una mayor área ha perdido apoyo en los últimos años. Como referencia, basta citar que en las Emergency Action Codes,(fichas de intervención británicas), el 70 % de las fichas en las que se proponía diluir han sido modificadas por la recomendación de contener.

Identificación desde un primer momento de a donde van los drenajes de agua y localización de los puntos de entrada, para realizar su taponamiento en caso de necesidad. Habrá que decidir en su momento si hay que evitar el drenaje y de qué forma hacerlo.
Decisión de colocación de barreras flotantes en cursos de agua y dónde.
Decisión de utilización de absorbentes, qué tipo de absorbentes y cómo.
Decisión de abatimiento de la nube de gases o vapores, cómo, quién y con qué protección.
Decision entre apagar o dejar arder. Justificado cuando el fuego destruye o disminuye el potencial tóxico del producto (ej: tolueno) o cuando los gases inflamables podrían acumularse con el consiguiente riesgo de explosión. En el caso de un líquido tóxico ardiendo en el que sus gases de combustión también son tóxicos, la decisión de no apagar puede estar justificada en el caso de que el líquido pueda llegar a un curso de agua. El apagar supondrá enfrentarse a una materia con un elevado nivel de concentración de producto tóxico, localizada en un área pequeña por lo que el nivel de daño puede ser alto. En cambio si se deja arder la materia tóxica de dispersará en la atmósfera, presentando niveles de contaminación inferiores,

Muchas de estas decisiones pueden ser polémicas y encontrar resistencia entre el personal propio o ajeno, pero el mando debe de valorar todos los factores y actuar en consecuencia con la debida contundencia. Nosotros somos los responsables en última instancia de evitar, o no, daños mayores para el medio ambiente.

Para conseguir esto hay que realizar una labor de re-educación de todos los mandos, empezando de arriba a abajo. Tenemos una nueva responsabilidad y hay que aprender a tomar decisiones como la de "dejar arder" cuando las circunstancias lo exigen por encima de las presione externas.


4 CONCLUSIONES

Tenemos una nueva responsabilidad que nos va a dar más trabaj, pero también más prestigio y que no podemos declinar: la defensa del medio ambiente.

Esto implica una labor de investigación (composición y posibles consecuencias de los productos de combustión, nuevas técnicas de taponamiento y contención, tecnologías de monitorización y análisis de gases,…etc) y de formación específica para la toma de decisiones (cursos de MMPP, fuegos forestales, coordinación con los departamentos de medio ambiente, utilización correcta de las fuentes de información, …etc.)

Hay que estrechar la relación con los departamentos de medio ambiente y conseguir de ellos asesoramiento y financiación de actividades formativas y de equipamiento específico.

Hay que promover la investigación de espumas más ecológicas.

La intervención más ecológica es aquella que es más eficiente, dentro de los márgenes razonables de seguridad.

El mayor problema de contaminación se suele presentar ante la presencia de cursos de agua.

Conveniencia del desarrollo de soluciones trazadoras para la identificación de la dispersión y arrastre de sustancias peligrosas en cursos de agua

Estamos empezando y queda un largo pero interesante camino por recorrer. Es una op0rtunidad de oro de adjudicarnos una competencia que nos reportará prestigio ante la sociedad.

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